¿TIENES CONFLICTOS CON TU PAREJA?

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Algunos aspectos a tener en cuenta

Cada miembro de la pareja tiene sus propios valores, opiniones y personalidad. De ahí que es lógico que surjan conflictos en la interacción. Muchas veces serán asuntos cotidianos intrascendentes pero otras pueden tratarse temas complejos e intensos. La pareja puede sentirse abrumada por ellos o distanciarse el uno del otro tratando de evitarlos.

Los conflictos de las parejas pueden agruparse en dos categorías: los solubles y los insolubles (suponen casi el 70%).

Problemas típicamente insolubles son: uno quiere tener un hijo y el otro (todavía) no, frecuencia en las relaciones sexuales, falta de colaboración en las tareas de la casa, diferencias de criterio en la educación de los hijos, tiempo dedicado a la pareja o a las amistades…

Ante estos casos, las parejas pueden encontrar maneras para convivir con estas diferencias y enfocarlas con humor cuando se manifiesten, ya que difícilmente van a poder resolverlas. Aprender a escuchar al otro, comprenderle y mostrarle compresión, ponerse en su lugar, validar su postura y respetarla pueden ser algunas herramientas útiles para mitigar la intensidad de un conflicto.

Un conflicto soluble suele ser temporal y/o situacional. Se produce en un momento puntual y no interfiere en otras áreas de la relación. Asimismo, no activa viejos conflictos enquistados en un miembro u otro de la pareja. Éstos pueden ser capaces de hablar de ello y llegar a un acuerdo común para resolverlo.

Pero el hecho de que un conflicto sea soluble no significa, necesariamente, que se vaya a solucionar. Dependerá de la capacidad de la pareja para afrontarlo eficientemente. Si no se resuelve, los miembros de la pareja pueden sentirse frustrados. Se atrincheran progresivamente en sus respectivas posturas y el resentimiento se hace más profundo, a la par que el conflicto inicial.

Una fuente común de la mayoría de las discusiones tiene que ver con una lucha por el poder. Independientemente del asunto de que se trate, cada uno intenta imponer su voluntad, su perspectiva, ideas, valores o preferencias.

En todas las discusiones hay que tener en cuenta que no existe una verdad absoluta, por lo tanto, no hay un ganador (poseedor de esa verdad) y un perdedor (está equivocado). Lo que hay son dos verdades subjetivas, dos interpretaciones diferentes e igualmente válidas de la misma realidad.

Debido a lo anterior, es importante conocer y aceptar a tu pareja. Aprender a ser tolerante con sus “imperfecciones”. Además de hacérselo saber. Si le juzgas, criticas o reprendes, ya sea sutil o abiertamente, por aquellos aspectos que te desagradan de su personalidad, difícilmente vais a poder resolver un conflicto.

Más bien al revés. La tensión crece. La crítica dará paso a una actitud defensiva y ésta al distanciamiento. Seguramente, tu intención es noble, quieres que cambie (aquello que no te gusta de su manera de ser), pero esto no va a ocurrir, por mucho que te esfuerces.

Esas actitudes inhiben las muestras de cariño, apoyo y aceptación. Evidentemente, no se trata de acatar cualquier cosa, pero sí de aceptar esas imperfecciones que forman parte del conjunto, igual que él/ella aceptará las tuyas.

Cuando sientes que tú pareja te comprende (y acepta) es más probable que escuches, e incluso apruebes, sus sugerencias. Si esto es recíproco, las discusiones se resolverán más fácilmente, sin entrar en escaladas simétricas.

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