¿Por qué es importante el juego en la infancia?

Los niños pasan mucho tiempo jugando, es una fuente de diversión; pero el juego es mucho más que una actividad de ocio y disfrute, le ayuda a distraerse y a liberar tensiones y tiene una importante función en su desarrollo mental, físico y social.

El juego potencia sus destrezas y habilidades motrices: el equilibrio y la fuerza, la coordinación de los movimientos de su cuerpo, manipula objetos, imita movimientos de otros…

Es fundamental para la maduración cerebral y proporciona una estimulación imprescindible para el desarrollo de las funciones mentales: atención, concentración, memoria, pensamiento, lenguaje y comunicación, creatividad e imaginación.

También facilita el aprendizaje progresivo de las normas, ya que cada juego se rige por una serie de normas que se deben cumplir. A través del juego aprenden a cooperar y competir, a negociar, a esperar el turno, a ganar y perder…
Es una herramienta para la socialización al favorecer los primeros contactos con otros niños, puede que surjan conflictos entre ellos que hay que dejar que resuelvan por si mismos, los padres pueden actuar como modelos de comportamiento para que el niño los imite.

¿Cuál es el papel de los padres en el juego de sus hijos?
Dedicar un tiempo cada día a jugar con los hijos es una actividad imprescindible, tanto para ellos como para los padres y, por extensión, repercute en una buena relación familiar: el disfrutar de una actividad juntos, diferente de las tareas y rutinas diarias, potencia la expresión emocional, la complicidad y la comunicación entre los miembros de la familia.

El rato dedicado al juego es un tiempo libre de tensiones u obligaciones (incluido el teléfono), el niño tiene que sentir que es importante para sus padres y una buena forma de mostrárselo es pasar un tiempo jugando con él. Es cierto que el ritmo de vida actual impide o dificulta notablemente pasar un rato jugando con los niños, por eso es aún más importante la calidad que la cantidad.

Además, es una excelente herramienta educativa. Se pueden simular juegos para resolver conflictos (los padres pueden recrear una situación y darle al niño la posibilidad de solucionarla), ayudar a superar miedos infantiles (jugar con los objetos que le dan miedo, simularlo…), etc.. Hay que tener en cuenta que lo que aprende jugando lo asimilará más rápido y mejor.

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