Deterioro cognitivo y demencias

Closeup portrait of an old couple smiling together ¿Has detectado algún comportamiento extraño en tu familiar? ¿Encuentras cosas en lugares inadecuados? ¿Se ha vuelto irritable o suspicaz? ¿Te acusa de robarle objetos? ¿Se viste con ropas inadecuadas dada la época del año? ¿Le cuesta expresarse cuando habla? ¿Repite varias veces lo mismo? Cuando le das una información, ¿luego no sólo no la recuerda si no que niega que se lo hayas dicho? ¿Está más triste o decaído, ha dejado de salir con sus amistades, tiende a permanecer más tiempo solo? ¿Ha descuidado su higiene y su apariencia personal? ¿Tiene “despistes” en casa (olvida apagar la cocina, cerrar un grifo, o como hacer una receta que “toda la vida” ha cocinado)? ¿Tiene problemas con las finanzas y el dinero, aunque lo niegue?

Si has observado alguno de estos signos en tu familiar seguramente, y tras el susto inicial, habrás pensado que son conductas normales, que ya está mayor y claro, su cabeza ya no funciona igual. Esta idea, tan difundida como falsa, tan común como peligrosa, enmascara y oculta una realidad que está empezando a manifestarse y que, en caso de confirmarse, evolucionará de forma progresiva, negativa y más acelerada si no se toman las medidas farmacológicas y neuropsicológicas adecuadas.

El diagnóstico definitivo de una enfermedad neurodegenerativa, a día de hoy, sólo es posible a partir de un estudio neuropatológico del tejido cerebral. Por fortuna, los profesionales contamos con herramientas para detectarlo a tiempo, como son la evaluación neuropsicológica y la experiencia clínica, que nos permite distinguir entre una persona sana, y otra con deterioro cognitivo o demencia.

El diagnóstico clínico precoz es fundamental. El tratamiento (farmacológico y de estimulación cognitiva) ha demostrado ser más eficaz en las fases iniciales de la enfermedad, se previene la aparición de los trastornos de conducta (que tanto limitan la vida del afectado y de sus familiares) y se posibilita mantener una vida autónoma (o con mínima supervisión o ayuda), retrasando así el ingreso en un centro especializado.

Lamentablemente, a día de hoy no existe cura para estas enfermedades, pero sí está en nuestra mano mantener la calidad de vida del afectado y de sus familiares, proporcionando la intervención adecuada en cada caso concreto.