¿EXISTE REALMENTE LA DEMENCIA «SENIL»?

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Me llama la atención que todavía encuentro a personas que me comentan que su familiar tiene demencia senil, tanto en mi consulta como en conversaciones informales. Por lo general, le quitan importancia a “ese tipo de demencia”, como si fuera algo lógico y esperable, dada la edad avanzada de quien la padece.

Históricamente, el término demencia senil se debe a Pinel, quien en 1798, en la Nosographie, se refirió a ella como una forma de trastorno cognitivo adquirido en las personas de edad. A lo largo del siglo XIX, autores como Esquirol, Calmeil y Guislain, identificaron las demencias seniles y les atribuyeron un sustrato neuropatológico. En 1907, Alois Alzheimer describió el caso de una paciente con demencia y los hallazgos anatomopatológicos (placas seniles y ovillos neurofibrilares) se correspondieron con las lesiones descritas previamente en la demencia senil.

Así, el concepto de demencia se fue definiendo a lo largo del siglo XIX y comienzos del siglo XX, atribuyéndolo a las personas mayores y calificándolo de “senil”. En cambio, a  día de hoy, este término está (o debería estar) en desuso.

La demencia es el deterioro, gradual y progresivo, de las funciones cognitivas, en comparación con el nivel previo de funcionamiento, que afecta a las capacidades funcionales de la persona de forma suficientemente intensa como para interferir en su vida social y laboral normal; el término “senil” implica que afecta a personas mayores, a partir de los 65 años, en caso contrario, se hablaría de “pre-senil”.

Sabemos que hay diferentes patologías que dan lugar a demencia, siendo la más incidente y prevalente la enfermedad de Alzheimer (EA). Por ello, la mayoría de demencias “seniles” son en realidad demencias por EA.

El término senil está obsoleto, no aporta ninguna información sobre el tipo de enfermedad ni, por tanto, sobre los síntomas, el curso y la evolución, incluso el pronóstico.

Entiendo que puede resultar más “fácil” de aceptar que un familiar padece demencia senil que enfermedad de Alzheimer; la realidad que subyace a ambas entidades es la misma pero el impacto emocional no.

Quizá este hecho se haya visto reforzado por el carácter de normalidad que el adjetivo “senil” implica, una visión demasiado extendida en la actualidad. Si el abuelo “pierde la cabeza”, se le olvidan las cosas, hace o dice cosas raras, como es mayor… entonces es normal, “son cosas de viejos”; con esta y otras frases se justifica la conducta extraña o la pérdida cognitiva, y si la cosa empeora es porque tiene demencia “senil”, algo normal dada su edad… Por supuesto, la demencia es propia de la edad avanzada y cada vez más frecuente, pero no por ello es normal.

La demencia, del tipo que sea (Alzheimer, fronto-temporal, Parkinson, cuerpos de Lewy…) es un síndrome causado por una enfermedad que afecta al sistema nervioso central y, por lo tanto, no es algo normal, independientemente de la edad de los afectados.

 

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