¿EXISTE LA ENFERMEDAD DE LA PRISA?

prisa

Síndrome de la vida ocupada

Vivimos con prisa. Da igual la cantidad de tareas que tengamos que hacer, siempre vamos corriendo. Con la sensación permanente de que no tenemos tiempo suficiente para hacer todo lo que queremos que hacer.

Siempre ocupados, siempre con prisa, siempre hay algo pendiente. Tenemos que hacer mil cosas. Todo es importante, todo hay que hacerlo.

Parece que el que no va corriendo a todos los lados tiene una vida vacía, insulsa. Nos hemos convencido de que la felicidad es equivalente a la cantidad de tareas que somos capaces de hacer en un día. Cuantas más, más felices. Si somos más productivos seremos mejor valorados.

Descansar o no hacer nada es sinónimo de perder el tiempo. Ese tiempo que no tenemos, porque siempre hay obligaciones acechándonos. Y si no las hay, nos las buscamos. La perfección es estar constantemente ocupados. Y la multitarea nuestra mejor arma (y nuestro peor enemigo).

Este ritmo de vida frenético nos impide disfrutar del tiempo libre. El ocio también tiene que emplearse en algo útil: ir al gimnasio, quedar con los amigos, cualquier cosa que implique hacer algo. Y si lo podemos subir a Instagram, ¡Mucho mejor! Quedarse en el sofá leyendo un libro es perder el tiempo. Descansar sin más, sin hacer nada, todo un sacrilegio.

La sociedad de las nuevas tecnologías, donde todo es inmediato, no ayuda con esta sensación. A la propia autoexigencia personal se suma la del entorno laboral y querer conciliar con la familia y el tiempo libre.

¿Es una enfermedad?

A este fenómeno se le ha denominado "enfermedad  de la prisa" o “Síndrome de la vida ocupada”. Es sólo una forma de definirlo, no una enfermedad real. Aunque sus efectos sí lo son.

Tiene daños colaterales en nuestra salud: dificultades para centrar la atención, para concentrarnos, para memorizar… y en los casos más graves síntomas de ansiedad y estrés.

¿Qué hacer?

Desconecta del trabajo

En tu tiempo libre apaga el móvil del trabajo, evita mirar y responder correos o WhatsApp. No eres peor trabajador por ello ni estás menos implicado con tu trabajo. A veces puede ser difícil pero es necesario.

Delega responsabilidades o pide ayuda

No te cargues tú con todas las tareas. Delega en otros compañeros o pide ayuda. Convéncete de que tú solo no puedes con todo. Los demás pueden hacerlo tan bien como tú. Confía en ellos.

Aparta la multitarea

Hacer varias cosas a la vez está muy bien, pero de forma puntual. A medio largo plazo se volverá contra ti. No te podrás concentrar en lo que haces, estarás agotado y serás incapaz de hacer una única cosa.

Deja algo para el día siguiente

Esto es algo realmente difícil. Lo queremos hacer todo y ya. Pero esta es la trampa principal. Cuánto más hacemos más queremos. Y no hay límite. Hasta que caemos y ya es tarde, porque la enfermedad aparece. Estrés o depresión, ansiedad… Para no llegar a estos extremos es mejor aprender a posponer. Elige una tarea que no sea prioritaria y déjala a posta para el día siguiente. Al principio te va a costar, pero poco a poco aprenderás.

Autocuidado

Es algo tan básico que es el primer aspecto que descuidamos. Mantener una alimentación saludable (aunque comas de tupper en el trabajo), hacer algo de ejercicio físico, dormir las horas necesarias… son hábitos saludables imprescindibles para tener una buena salud.

Saber decir que no

Querer complacer a todos es imposible. No puedes atender todo lo que te pidan, y menos aún resolverlo. Tan sólo aumentarás tu nivel de estrés.

Aprender a decir que no es muy liberador.

Libérate de la prisa, tu salud lo agradecerá. Y si ves que no puedes tu solo, pide ayuda.

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