EL ESTRÉS

frog-1339916_1920

El primer paso es conocer al enemigo

Vivimos estresados. Hoy en día, quien más quien menos, siente que tiene estrés. Es como un mal que nos amenaza y ataca sin que nada podamos hacer para evitarlo. Lo consideramos negativo, algo que nos causa malestar y empeora nuestra calidad de vida.

Pero, ¿Qué es en realidad el estrés? ¿Realmente es tan malo como nos parece? ¿Por qué lo sentimos?

El estrés es una respuesta inmediata, intensa y automática que prepara a nuestro organismo para actuar ante una situación que requiere una demanda excepcional de recursos. Así, se produce una rápida activación fisiológica y psicológica que nos permite dar una respuesta eficaz.

Nuestro cerebro focaliza la atención en la situación y en los estímulos relevantes. Se produce un rápido procesamiento de esa información. Se valoran las opciones disponibles y se decide una actuación.

Paralelamente, nuestro cuerpo se ha preparado para emitir una respuesta. Se incrementa la frecuencia cardiaca y respiratoria, los músculos se tensan… si nuestra conducta resuelve la situación la respuesta de estrés cesará y nuestro organismo se recuperará. Si no, dicha respuesta se mantendrá activada, hasta solucionarlo o hasta que los recursos se agoten.

Entonces aparecen las patologías asociadas al estrés: alteraciones gastrointestinales, insomnio, irritabilidad, problemas musculares, cefaleas tensionales, ansiedad, depresión, etc..

Por lo tanto, la respuesta de estrés, en un primer momento es útil y adaptativa. Es muy probable que haya contribuido a la supervivencia de nuestra especie, permitiéndole sobrevivir a múltiples amenazas (depredadores, accidentes, adaptación a nuevos medios…) a lo largo de la evolución.

La respuesta de estrés se activa ante situaciones muy variadas y diferentes. Pueden ser sucesos vitales más o menos traumáticos (un accidente de tráfico, un intervención quirúrgica, un divorcio, conflictos familiares, problemas económicos…), acontecimientos cotidianos (discusión con la pareja, un atasco…) o situaciones más crónicas como un puesto laboral con alta carga de trabajo, inestabilidad o relaciones conflictivas con el jefe y/o compañeros, el cuidado de un familiar enfermo o la presencia de una enfermedad crónica.

No todas las personas emiten una respuesta de estrés ante los mismos acontecimientos. Por ejemplo: un examen puede ser muy estresante para unos y nada o muy poco para otros. ¿De qué depende, entonces? De cómo cada persona percibe la situación y valora sus propios recursos para resolverla.

En resumen, en un primer momento, la respuesta de estrés es adecuada pero cuando se activa con excesiva frecuencia o duración da lugar a problemas. En una entrada posterior os comentaré qué podemos hacer para reducir las consecuencias nocivas asociadas al estrés.

 

Comentarios en este post

No hay comentarios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Trackbacks y Pingbacks en este post

No hay trackbacks.

TrackBack URL