¿DEBEN LOS PSICÓLOGOS MOSTRAR SUS EMOCIONES?

 

Los psicólogos somos especialistas de la mente y el comportamiento; expertos en comprender la conducta humana y el sufrimiento de los demás, podemos entender sus sentimientos y sabemos cómo ayudarles para que puedan resolver los problemas que les aquejan y, ¿Pensáis que pasamos por todo ese proceso, acompañando a nuestro cliente, sin sentir la más mínima emoción?
Puede parecer que, para poder ayudar a la otra persona, tenemos que ser fríos emocionalmente, no implicarnos en sus emociones; hasta cierto punto es cierto, debemos mantener una mínima distancia para poder ser profesionales, lo que no quiere decir que no empaticemos con su dolor, que sus emociones no tenga una resonancia afectiva en nosotros. Esto supone que también nos emocionamos con sus padecimientos, para bien y para mal. Nos alegramos de sus éxitos, y también sentimos sus decepciones y su dolor.
La expresión de nuestros afectos va en función de cada profesional. Por mi parte, me gusta devolver a mis clientes las emociones que sus narraciones me generan, si son positivas como si no, tanto si me entusiasman como si me hacen emocionarme e, incluso, soltar alguna lágrima; pienso que es positivo acompañarle (de verdad) en su dolor, igual que lo es alegrarme por sus éxitos.
Mi repercusión emocional y su expresión son efectos de mi capacidad empática y de mi consideración personal; de mi creencia de que no tiene nada de malo mostrar a mis clientes que entiendo y comparto sus sentimientos.
Por supuesto, todo lo anterior no me impide ayudarles de una manera eficaz, no quiero decir con esto que me abrumen sus emociones y me paralicen en mi trabajo, más bien al contrario, creo que fortalecen la relación terapéutica y, por tanto, promueven las mejorías.

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