CÓMO ABORDAR UN CONFLICTO SENTIMENTAL (CON ÉXITO)

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Algunas claves útiles que os pueden ayudar

Un conflicto es una situación inevitable que sucede a todas las parejas, con mayor o menor frecuencia, durante la relación. Los conflictos no son el problema, si no la manera en que los manejamos y resolvemos.

Saber salir airoso en una discusión, causando el menor daño emocional en uno mismo y en el otro, es posible. Y, si a pesar de todo, el conflicto estalla, hay maneras de controlar los daños colaterales en la relación.

¿Cómo resolver vuestras diferencias sin que suponga una batalla campal?

Plantea a tu pareja lo que te ha molestado. Es importante que lo expreses de forma suave, poniendo la queja en la situación o conducta concreta que te molesta, y no en la otra persona. No le critiques o culpes por ello.

Exprésate en primera persona, “yo…”, centrándote en lo que sientes, en lugar de acusar a tu pareja (“eres un irresponsable/insensible/egoísta…”, “nunca me escuchas”…). Es mejor decir: “me siento incómodo/a cuando…”, “me entristece que…”, “me molesta mucho cuando…”, etc.

Pide lo que deseas con claridad. No esperes que tu pareja te adivine el pensamiento o se adelante a tus demandas no expresadas. Él/ella no es adivino o vidente, ni puede cumplir tus deseos si no se lo dices. Por supuesto, esto no significa que no te conozca o quiera lo suficiente. Si no que eres tú el/la responsable de pedirlo abiertamente, con amabilidad (“te agradecería que…”, “por favor”, “me gustaría que…”).

Evidentemente, tu pareja puede negarse a concederte aquello que pides. En tu mano está valorar la importancia de tal petición y su consecuente rechazo (en caso de haberlo). Así como la frecuencia en que tus necesidades no están siendo apoyadas por la otra persona.

Si eres la parte que recibe la petición o sugerencia, intenta prestarle atención. Escuchar sin juzgar ni ponerte a la defensiva. Puede ayudar que parafrasees su demanda, es decir, que le devuelvas un pequeño resumen de lo que ha dicho. “Entonces, si te he entendido bien, lo que te molesta es… y quieres que…”.

De esta manera demuestras que le has escuchado y comprendido, y si no, tendrá la oportunidad de aclarar su mensaje.

Escuchar al otro y considerar su punto de vista supone un acercamiento e incrementa vuestro nivel de compromiso, si bien, esto no implica aceptarlo.

Evita acumular afectos negativos. Exprésalos en el momento en que suceden. De lo contrario, lejos de  desaparecer, se irán acumulando en tu interior, haciendo crecer el resentimiento hacia tu pareja y alimentando una discusión futura mayor.

Identifica y utiliza los desagravios. Un desagravio es un intento de un miembro de la pareja para reducir la tensión en una discusión. Supone un freno en una escalada conflictiva.

Discutir con tu pareja es lógico y forma parte, te guste o no, de toda relación. A veces, las cosas, a pesar de lo anterior, pueden subir de intensidad. Saber parar a tiempo puede ser crucial.

Metacomunicar la situación, “esto se nos está yendo de las manos”, “estamos muy alterados, vamos a dejar pasar un tiempo y lo hablamos después”, “me estoy poniendo nervioso/a, cuando me calme hablamos”… hacer una broma o un pequeño gesto (acordado previamente) pueden parar una discusión acalorada. Pero para ello, es imprescindible que el otro miembro de la pareja, detecte y acepte la señal como tregua.

Obviamente, no tenéis porque coincidir en todos vuestros planteamientos ni opinar igual. Más bien, esas diferencias suelen ser fuente de discusiones (normalmente irresolubles).

La resolución de un conflicto no pasa porque tu pareja cambie. Lo importante, y necesario, es negociar y encontrar una solución satisfactoria para los dos. Sabiendo que algunas veces tendrá que ceder uno y en otras ocasiones lo hará el otro, manteniendo un equilibrio a este respecto.

Finalmente, todos estos consejos funcionarán si la relación no está muy deteriorada. Si los conflictos son frecuentes e intensos, puede que el distanciamiento (físico y emocional) se haya instaurado.

Quizá ya ni discutáis, os sentís tan abrumados por la situación que lo evitáis activamente. Pero esto no resuelve las dificultades de la relación, si no que lleva a un enfriamiento progresivo de la misma.

Si te identificas con éste último párrafo, es posible que tu relación precise de una intervención profesional. Puede que todavía estéis a tiempo de salvarla. Si estáis dispuesto a intentarlo, la terapia de pareja es una buena opción.

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