¿Cliente o paciente?

cliente o paciente

Las personas que acuden a la consulta de un psicólogo ¿son pacientes o clientes? Popularmente se les denomina “pacientes” y éste parece ser el término que cuenta con mayor aceptación. La tradición médica tiene un gran peso en ello, aunque en el siglo XX podemos encontrar corrientes psicológicas, como la humanista, que ya denominaron “clientes” a sus consultantes.

Puede sonar extraño oír hablar a un psicólogo de “clientes”, parece como si estuviera ejerciendo un negocio, lucrándose con ello; en realidad, el psicólogo es un profesional de la salud, que presta un servicio y que recibe un salario por su trabajo; entonces, ¿trabaja con clientes o con pacientes?

El uso de un término u otro depende de la orientación terapéutica y del profesional en cuestión, cada uno decide como designa a las personas con las que trabaja, en mi opinión ambas son igualmente válidas, aunque por mi parte prefiero usar el término cliente.

Paciente designa a una persona que sufre a causa de una enfermedad o patología. Estoy de acuerdo en que quien acude a terapia está sufriendo por un motivo determinado, pero la persona no puede (ni debe) ser reducida a su problema, es alguien al margen de la dificultad que le ha llevado a terapia.

La persona no es su enfermedad, es alguien más allá de ésta, tiene unas cualidades, gustos y aficiones, posee una visión propia de sí misma y de su vida, así como de su dificultad, y porta una serie de recursos que ayudarán a resolverlo; tenemos que aprender a ver a la persona como lo que es, alguien que está sufriendo, sí, y alguien que lleva consigo todas las herramientas suficientes y necesarias para el cambio.

Como ya comenté en un post anterior sobre el diagnóstico psicológico, las palabras construyen realidades, son etiquetas que describen y modulan lo que pensamos, sentimos y cómo actuamos.

Considero la terapia como un trabajo activo para ambas partes; terapeuta y cliente han de colaborar en la búsqueda de soluciones, el cliente adopta un rol activo y participativo (o  al menos así debería ser) dentro y fuera de la consulta. De hecho, el cliente es el experto en su problema y, por supuesto, en su vida; él es quien decide los objetivos que quiere alcanzar y cuando está satisfecho con los resultados.

El terapeuta “guía desde atrás” a sus clientes, acompaña en el proceso y facilita la toma de decisiones, sin imponer en ningún momento su propio criterio; a través de la conversación redefine los significados que paralizan a las personas, les ayuda a detectar sus éxitos en el manejo del problema y juntos co-construyen una nueva realidad, facilitando así el avance hacia la solución.

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