Efectos secundarios del diagnóstico psicológico. 2ª Parte.

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¿Qué beneficios reporta el diagnóstico de un trastorno o enfermedad mental a una persona que acude a terapia?
A algunas personas les da tranquilidad saber qué les ocurre, encuentran así una explicación a sus padecimientos y les otorga cierta sensación de control; en otros casos, el simple hecho de saber que no reúnen criterios para un diagnóstico psicopatológico tiene un efecto liberador, les empodera a luchar contra su problema, evitando que se sientan abrumados por la losa de la enfermedad.

En el trabajo terapéutico lo importante no es el nombre que se le da a un problema (o enfermedad); las etiquetas diagnósticas son construcciones abstractas de problemas basadas en un conjunto de síntomas, y sus denominaciones técnicas, en la mayoría de las ocasiones, resultan ajenas al lenguaje del cliente. Si nos movemos en el terreno de la sintomatología y de las clasificaciones diagnósticas pasaremos a hablar un lenguaje incomprensible para el cliente y corremos el riesgo de desajustarnos de él, poniendo en peligro la relación terapéutica. Es importante escucharle y hablar su lenguaje.

¿Es necesario conocer la psicopatología e indagar en las causas de la misma?
Los problemas suceden en el presente y es ahí donde debemos trabajar para solucionarlos. Hay personas más analíticas, que se preguntan por qué les sucede a ellas tal o cual problema, y piensan constantemente sobre la raíz o el origen de su padecimiento; trabajar juntos para ofrecerles una explicación no patologizante ni culpabilizadora suele resultarles reconfortante y les facilita el camino hacia la solución.

¿Cómo ayuda al profesional conocer el diagnóstico de su cliente?
Ante un trastorno mental puede orientarle hacia el tratamiento más adecuado (basado en la evidencia). Pero hay que tener cuidado de no asumir la solución de la patología como el objetivo del tratamiento, quizá esa persona no venga a consulta por ello, si no por algún otro problema, derivado o no de la misma, personal o relacional; si no conocemos su demanda y trabajamos por sus propios objetivos, difícilmente vamos a serle de ayuda.
Es muy importante escuchar lo que el cliente nos dice, averiguar qué quiere él conseguir con la terapia y, si ello entra dentro de nuestras posibilidades como terapeutas, establecer con él una relación de ayuda y cooperación que facilite su consecución.

Tenemos que aprender a “leer (entre) las líneas”, sin buscar los motivos ocultos, los verdaderos deseos o interpretar sus palabras según nuestra experiencia, buscando resolver problemas que para él no lo son, simplemente porque nosotros, profesionales sabios y expertos, consideramos que será bueno para él/ella o porque asumimos que, ante un determinado diagnóstico, debemos aplicar un tratamiento concreto.

La persona que nos consulta es alguien al margen de su problema o enfermedad, tiene una vida que desea vivir de la mejor manera posible, por eso viene a terapia. Tiene recursos suficientes, cualidades y capacidades adecuadas para hacer frente a su problema y solucionarlo. Seguramente ella misma no será consciente de todas las armas de que dispone para luchar contra ello, y es labor del terapeuta sacarlas a la luz y ayudarle a que las emplee y supere así su dificultad. Si nos centramos en su enfermedad y no escuchamos los objetivos de la persona podemos caer en la trampa de querer curarla, y quizá no sea ese el motivo del cliente, su objetivo.

Por lo tanto, no creo que los diagnósticos sean un requisito necesario (menos aún imprescindible) en la terapia psicológica; lo realmente importante es conocer los objetivos que las personas tienen, lo que ellas quieren conseguir con la intervención, y ayudarles a que los alcancen, viendo a la persona en su totalidad, no sólo a través de su diagnóstico, como una fuente de recursos y soluciones, para poder ayudarla de forma eficiente.

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